martes, 24 de noviembre de 2009

Vázquez Figueroa, los vampiros y Borges, siempre Borges

Madre mía. Hoy he oído en la radio una entrevista a Alberto Vázquez Figueroa, que acaba de publicar una autobiografía. Bueno, pues el hombre ha estado glorioso, sencillamente espectacular. Ya había tenido el placer, hace muchos años, en el programa de Sánchez Dragó, y Figueroa me dio muy buena impresión. Pero lo de hoy... soberbio.

Cuenta el señor Figueroa en este libro que hace unos años, mientras triscaba, como tanto le gusta hacer, por la Amazonia, fue atacado por vampiros. Pero por vampiros de verdad, ¿eh?, Desmodus rotundus. Resulta que los bichejos estos, aparte de alimentarse sólo de sangre, poseen algunos compuestos anticoagulantes en su saliva para ayudarles a hacer bien la faena. Pues bien, Vázquez Figueroa clama que desde que fue mordido por los rotundus no ha estado enfermo ni una sola vez; es más, que entre los indígenas de la zona hay una nada despreciable proporción de personas que superan los 100 años de edad, y que ellos lo atribuyen a la mordedura curativa de los vampiros.

Hasta ahí, algo curioso; puede que sea verdad. Al fin y al cabo, hay tantas medicinas que hemos descubierto porque no sé qué bicho de la Amazonía las producía de manera natural, que sin más información tiendo a pensar que todo es posible. Ahora, cuando acto seguido el hombre dice que desde entonces le sienta muy mal el ajo, que no puede soportarlo y que él lo atribuye a la mordedura del rotundus, he empezado a reír y no he podido parar. ¡Qué crack! Y la entrevistadora, claro, después de que el hombre le diera un montón de datos sobre los bichos, su viaje y tal, con cierta reticencia ha parecido dar por buena su explicación. XDD!

¡Benditos sean los escritores! Y bendita sea la ficción que hace que este mundo valga un poco más la pena. Quizá a Vázquez Figueroa nunca le gustaron los ajos; quizá de pequeño ya inventaba historias para dejárselos en el plato. A lo mejor nunca le han atacado los rotundus, pero ha hablado con gente a la que sí; igual hasta es verdad que en esa región de Ecuador hay una cantidad de gente que supera los 100 años. Hombre, ya sería un poco más grave que ni siquiera existieran los murciélagos esos... al fin y al cabo hay una página de Wikipedia sobre ellos... quiero decir: que nadie se tomaría tantas molestias sólo por... por el placer de inventar o algo así, ¿no? Nono. Improbable. Qué bobada. Inconcebible. Tlön, Uqbar: yo estuve allí; yo compré lotería en Babilonia y leí acerca de mi muerte en un libro que encontré en una biblioteca. Quizá no hubo entrevista; a lo mejor la vi en el Aleph pero ya no me acuerdo :-)

En el salón de los pasos perdidos: 2, Lyon y Lugdunum

La semana que siguió a la excursión campestre en Suiza fue pródiga en acontecimientos contables. El miércoles tenía que viajar a Estrasburgo para asistir a un congresillo (de lo que daremos buena cuenta en una futura entrega de esta serie), y el viernes me piré para España. Pero antes de eso decidí que ya era hora de irme a hacer un poco de turismo por el Lyon viejo, del que todo el mundo hablaba muy bien.

La geografía de la ciudad de Lyon es muy característica. La ciudad se extiende en torno a la confluencia de dos ríos, el Saône y el Ródano (como podéis ver aquí). La zona que se encuentra entre los dos ríos (a la que los lugareños llaman "la península") constituye lo que podríamos llamar "el centro de la ciudad", y posee numerosos edificios de los siglos XVIII y XIX (no he ido aún a ese barrio; más información en futuras ediciones!). La zona al este del Ródano es la parte más nueva de Lyon, donde yo vivo y donde están las universidades y la nueva estación de tren.

La parte al oeste del Saône, por su parte, es la que hoy nos ocupa. Está encaramada entre el río y la colina de Fourvière, y constituye el núcleo del Lyon medieval y renacentista. Recibe el nombre de Vieux Lyon (Lyon Viejo), y también es en ella en la que se asentó la vieja Lugdunum, la ciudad romana. En la parte baja de la colina está la catedral medieval, que aún no he visto, y en la cima la basílica del siglo XIX. A media altura, sobre la ladera, se encuentran las impresionantes ruinas del teatro y el odeón romanos. No en vano fue Lugdunum la capital de una de las tres provincias gálicas durante el Alto Imperio.

Ese día decidí que había que ver dos de las tres construcciones notables de la colina, y al final me acabé decidiendo por la parte romana (ésta era obligatoria ^_^) y por la basílica de la cima. No sé cómo será la catedral medieval, pero a fe que no fueron para nada malas elecciones.

La herencia romana de Lyon es para empezar y no parar. Visitando los recintos del teatro y el odeón, que podéis ver en el álbum de Picasa con la profusión de comentarios pertinente, podemos ver cuánto cuida la ciudad su herencia histórica. Ambos están muy bien conservados, y restaurados lo suficiente para que puedan seguir siendo usados para albergar representaciones teatrales o musicales. El Vieux Lyon es un barrio tranquilo y silencioso, y los antiguos edificios públicos parecen exigir una pequeña pausa y que nos olvidemos durante un rato de la era de las comunicaciones y de que la Hispania ya no está a una semana de viaje. Como siempre que se visitan enclaves arqueológicos, hay que hacer un pequeño esfuerzo para ver más allá de los montones de piedra en estado de semirruina. Hace dos mil años, la gente se congregaba aquí como hacemos nosotros cuando vamos al cine. Los actores se preparaban en sus camerinos privados, los niños hacían pintadas en las paredes, y cuando la función acababa todo el mundo se iba a sus casas que, en el mejor de los casos, contaban hasta con agua corriente.

El mundo romano tiene algo de fascinante y algo de mentiroso. Fascina ver en qué medida somos parecidos, pero es falaz omitir en qué medida somos diferentes. A menudo se ha hecho mucho de las dos cosas. No voy a ser yo ahora el que repare estos excesos de la literatura, o quizá de la credulidad, porque no me asisten ni los conocimientos ni vuestra paciencia. Pero no puedo evitar pensar en gente que consideraba que masacrar al enemigo es lo que toca, en gente que hacía y deshacía matrimonios, que envenenaba a la peña sin despeinarse, que toleraba todo tipo de atropellos sin mover un músculo... hombre, pues tanto tanto tampoco se nos parecen. No sé. A lo mejor lo que sí me asiste es una benévola falta de realismo.

Siguiendo con la visita, después de la exploración "de campo", lo que toca es ir al museo. Y, como dijo Javi muy españolamente "estaba prohibido hacer fotos, así que sólo hice unas pocas". En Picasa las tenéis, debidamente comentadas. El museo era muy interesante, y contenía algunas piezas sorprendentes por lo bien conservadas. Era especialmente notable la sección dedicada a arte gálico prerromano, ya que en las cercanías de Lyon se han encontrado varios asentamientos celtas. También tenían a dos o tres actores haciendo una especie de improvisación contemporáneo-rara en una sala habilitada al efecto, con conjincicos pa sentarse. Un lugar, en definitiva, notable, y que hubiera merecido una visita más detallada y algo de comentario. Pero no os canso más, porque lo más guay lo tenéis en las fotos, y de nada serviría que os comentara más cosas aquí sin soporte de la imagen.

Nos vemos a la siguiente!